Domingo León González, español decide construir un ingenio próximo a Gaspar buscando la cercanía con otro de su propiedad y del ferrocarril central. Pilar fue el nombre escogido para la nueva fábrica de azúcar en honor a su hija más pequeña.
Las obras de desmonte comenzaron a finales de 1915, principalmente por isleños y españoles. Las tierras utilizadas en su mayoría pertenecían al asilo padre Valencia, dicho ingenio se enclavó en la finca denominada Cabeza, además se dieron en arrendamiento las colonias siguientes:
La Cuba, La América, La Emilia, La Estela, la Rosita, Alta Gracia, Vencedora y el Canario. Solo la hacienda San Agustín era propiedad privada, sus dueños las dividieron en la Amistad, La Martina, Ojo de Agua y Colonia Habana.
La caña de azúcar se sembró a hueco de azadón, pagándose a mil pesos por caballerías de cañas sembradas y listas a corte, se utilizaron para el fomento zonas de cuellas formadas por las fincas la Oratada y el Salvador.
Así el central se fundó a principios de 1918, su primera zafra duró 23 días que se efectuó como prueba, en los años posteriores y hasta 1931 que fue su último año activo, molió entre 15 y 30 millones de arrobas de caña anualmente, sus azúcares eran embarcados por el puerto de puntalillo.
En el año 1929 llega la depresión general del régimen capitalista, el 25 de febrero de 1927 machado firma el decreto 242 fijándose a cada central en Cuba la cantidad de sacos que puede producir en esta zafra. Por la ley de verdeja aprobada el 3 de mayo de 1926, las zafras se van a restringir a un 90 %, significa que se molería un 10% de la capacidad real de cada central.
El pilar disminuye bruscamente los días de zafras de 139 en 1926 a 94 en 1927 para un 68% menos y a 70 en 1928 para un 50 % menos en comparación con 1926.
Cuando deja de moler este central las cañas sembradas en las colonias de su propiedad pasaron a ser procesadas en los centrales Baraguá y Estrella.