Por: Vasily M. P.
La trova sin descarga no es trova. Sin ese ambiente trasnochado, con olores fuertes, con atmósferas cargadas de ron, no es trova. Y es que el destino bohemio es propio de ese mundo poético donde, como decía Miguel Barnet al referirse a la literatura, «necesita de ocio para la creación». Por eso un evento como el encuentro nacional de jóvenes trovadores TROVÁNDOTE en esta edición del 2016, está pensado, también, para el disfrute de los músicos, el público, y la improvisación.
Un momento como la descarga permite esa relación sana y frondosa que se establece entre autor, público y obra artística. Momento cúspide, a mi entender, de todo proceso comunicacional. Porque entonces se supone que el trovador, encima del escenario, tiene menos presión psicológica, y el espectador del otro lado, está más apto para disfrutar lo que le viene encima.
Partamos que el concepto «descarga» se refiere, en su sentido emocional, a una sobre dosis de respuesta emotiva ante un estímulo determinado. Su fuerza radica en la necesidad de desahogo que tiene el individuo. A menudo es utilizado como sinónimo de «regaño», «violencia», «descanso obligado», «aligerar», por la misma tensión que lleva, y por la dosis de rudeza que manifiesta.
Pero en el arte, «descarga» puede ser algo más noble. Tal vez la pasión y la fuerza sigan manifestándose, pero el sentido no es de perjudicar sino de libertar los sentidos. Es como una invitación a las respuestas emocionales, que todo el mundo disfrute, que todo el mundo sienta el peso pleno de la libertad.
O como decía Martí al referirse a la música: « […] el hombre escapado de sí mismo»
Por eso los trovadores, los jazzistas, los músicos callejeros, los músicos en su totalidad, aman los instantes de descargas porque sienten la libertad creativa en su máxima expresión. Adrenalina pura.
Y el TROVÁNDOTE 2016 que concluyó el pasado 27 de marzo, no fue la excepción de la regla. Por eso, a lo mejor, es que a los trovadores les gusta tanto estar en este evento. Llegado el momento de la Descarga, el público ya está maduro, y será más receptivo y dispuesto a ser partícipe en cualquier petición o juego por parte del músico. Esto hace propicias la empatía, el diálogo, la comunicación a un grado mucho más profundo que el habitual. Así se logran las huellas perdurables.
El público agradece que el artista se comunique en escena con ellos. Y de cierta forma para eso, también, acude a cada espectáculo que se convoca.
Pero si bien la descarga es una acción programada o no, ante espacios y públicos reducidos, me atrevo a afirmar que el TROVÁNDOTE esto nunca pasa. Siempre, a la descarga, le antecede un Concierto con una de las figuras invitadas o del patio, y en ese momento es cuando menos público asiste. Sea el motivo que sea. Y luego, en la descarga, el patio es como los granos de arena de una playa de tanta gente.
En el caso específico de la trova, la descarga viene a tener un significado mayúsculo. Es aquí donde los trovadores pueden socializar en escena con mayor naturalidad. Los errores o pifias pasan casi desapercibidos. Se hace hincapié en exagerar tendencias o en disfrutar momentos circunstanciales. Es más rica la actividad creadora pues la libertad está de una punta a la otra del escenario y lo único que limita al trovador es el tiempo.
Ese es el momento en se prueban canciones que están todavía sin terminarse. Es el momento para invitar a otros trovadores, improvisar sobre canciones de los otros o con un pie forzado determinado. Se vuelve un espacio socializador de conocimientos pues de esta forma descubrimos, los del lado de acá del escenario, qué formas musicales prefiere ese autor o su manera de ver la vida, qué piensa antes de dormir, o su opinión sobre un tema específico.
También nosotros, los del lado de acá, tenemos la posibilidad de responder, de gritar, de ponernos de pie y hasta de formar parte del show.
TROVÁNDOTE 2016, en su novena edición, alcanzó momentos cimeros en las Descargas. En el momento inaugural del evento sucedió la ruptura del celofán con un tema por invitado que supo filtrar lo mejor de cada repertorio e hizo que el trovador escogiera su mejor canción para abrir la velada.
Así se consigue mostrar la mejor cara de cada autor; así se consigue cautivar y provocar la participación del público; se logra el puente que une dos o más personalidades, formas distintas de ser y de ver al mundo; se consigue la empatía, la aproximación que luego, en otra oportunidad, se volverá más íntima.
Las Descargas, en el TROVÁNDOTE son, a mi juicio, los platos fuertes, el sostén de cada jornada, la razón de ser del evento.
Organizarlas un poco más es tarea pendiente de los organizadores. Respetar los horarios de cada sección permitirá, a la larga, que estas descargas no sean atormentadoras, obstáculos para el buen disfrute ni una piedra más en el bolso de los espectadores.